por qué sigo con el entrenamiento vocal

Buenos días a todos:
Hoy os escribo porque tengo muchas ganas de contaros algo de lo que me he dado cuenta hace poco: qué es lo que ahora mismo me anima a continuar con mi trabajo vocal.

Creo ser una persona que si no sabe por qué o para qué hace las cosas se siente perdida y desganada. Meses sin conciertos unidos a no saber cuándo narices podremos volver a tenerlos te tambalean las ganas de todo (la mayoría de nosotros lo hemos experimentado) pero en cambio yo he tenido la suerte de que esta situación me haya ayudado a ver claro uno de mis porqués. Y es que he entendido que cantar es para mí un camino de autoconocimiento, aceptación y liberación. Como sé que esto así dicho suena muy “hierbas”, procedo a explicarlo con más detalle (y a la occidental).

Antes de meterme en otros temas, me gustaría que tuvierais claro que el canto es en primer lugar un acto físico, producido por un trabajo de nuestro cuerpo. Hay muchos músculos trabajando de forma coordinada (bueno, que esté bien coordinado algún día es a lo que aspiro, jeje) para producir la voz. Pero estos tienen otras ocupaciones más importantes a lo largo del día como mantenernos erguidos o salvarnos la vida ante un posible atragantamiento. Es por esta razón que para cantar debemos cambiar el chip y decirle a esos músculos (en realidad, a todo el cuerpo) que no hay peligro y que ahora vamos a hacer algo diferente al resto del día. Pero este cambio no es nada fácil ya que los músculos son “animales de costumbres” muy tercos y requiere mucha observación y paciencia domarlos como bien sabéis quienes tenéis problemas posturales, contracturas recurrentes o practicáis algún deporte.

Para más inri a los músculos no sólo les afectan sus hábitos: también los pensamientos y las emociones quieren gobernarlos. Casi todos hemos sentido cómo el miedo (por ejemplo, a hablar en público) o la tristeza (tras la muerte de un familiar) nos ponen un nudo en la garganta; cómo una buena noticia nos tranquiliza y nos relaja el cuerpo; o cómo se nos atenazan la espalda y el cuello si nos encontramos ante un problema a resolver.

Y muchas veces sentimos estos cambios directamente en la voz: la vergüenza casi no nos deja hablar, los nervios hacen que salga entrecortada, el intento de controlarnos nos la vuelve firme y seca, con unas personas se nos pone aguda, con otros no vocalizamos… Son muchos los ejemplos en nuestro día a día en que podemos ser conscientes de la relación inseparable de mente, emoción y cuerpo.

Pues es justo este punto al que quiero llegar. He probado a mejorar mi técnica imitando otras voces y sonidos, guiándome por imágenes, haciendo trabajo muscular.. y todo, absolutamente todo me ha servido para algo pero ahora mismo mi trabajo debe ir por otro camino.

Hace unos meses estaba de charla de sobremesa con unos amigos muy afines a mi y de pronto me di cuenta de que mi voz salía sola: no necesitaba esforzarme para que se me oyera, vocalizaba bien, no estaba acelerada, tenía matices y, sobre todo, me sentía identificada con ella, sabía que expresaba quien soy.

Más tarde, trabajando con mi profesor Facundo Muñoz viví un momento para mí muy especial. Al conseguir coordinar bien la salida del aire (trabajo muscular) conseguí dejar de retener la base de la lengua (mi archienemiga) y de pronto todo cambió: sentí relajación (cómo no, si vivo con esa tensión todas las horas de mi vida), como si me hubieran quitado un corsé, sentí calma y que emitir sonido se volvía fácil. Por supuesto esto fue como un instante de iluminación, de “voilà!” o de “¡eureka!” y volver a conseguirlo no me resulta para nada sencillo.

Eso es lo que ahora busco. Y para conseguirlo sé que además de estar atenta a mis músculos para que tengan una buena coordinación y un nivel de trabajo ajustado, necesito que pensamientos como “no me va a salir nunca”, “de verdad esto sirve para algo”, “necesito resultados ya”, “tengo la obligación de hacerlo bien” y emociones como vergüenza o ansiedad se queden a un lado mientras practico. Es algo así como una meditación: necesitas ver que los tienes para poder evitar que interfieran porque estropearían el trabajo muscular.

Como colofón de la complejidad del asunto está el hecho de que si quieres sacar el máximo partido a tu instrumento, probablemente tengas que renunciar a cómo has venido cantando hasta ahora. En mi caso me estoy dando cuenta de la imagen vocal que estado pretendiendo dar y ahora necesito renunciar a ella para mostrar de verdad cómo suena mi voz. Como comprenderéis, esto implica muchas emociones y cuando tenga que ponerme otra vez delante del público no sé muy bien qué va a pasar. Probablemente las primeras veces volveré a mis costumbres pero con el tiempo, iré ganando conocimiento y confianza en mi instrumento que como veis, ahora pienso que es toda yo.

No tenía intención de escribir tanto pero aunque he intentado resumir necesitaba contaros todo esto como mínimo. Para concluir quiero dejar claro que esta es mi forma de trabajar conmigo misma ahora pero eso no implica que yo piense que el autoconomiento y bla bla bla sea la única razón en el mundo para cantar. ¡Para nada! Quizá cantes por divertirte o para entretener a otros, por dinero, para ligar, para aliviar tus penas, para darte energía, para lucirte… Y esas razones se entremezclan y varían en cada momento. ¡Ya os diré yo si no voy a ponerme vanidosa cuando vuelva a un teatro! ¡Y requetevanidosa! Pero esto es lo que hago ahora en este contexto de pandemia.

Ya he terminado de echaros el rollo, jejeje. Muchas gracias por leerme y aquí os dejo unos enlaces que creo relacionados con todo lo que os he contado.

Justo ayer empecé a leer este libro que explica en muy pocas páginas (en la introducción) cómo la respiración relaciona cuerpo, mente y emoción. Y aquí estoy yo dándoos la chapa para decir lo mismo.
Elena Malova utiliza un lenguaje en sus clases muy parecido al que utilizo conmigo misma. Su manera de ver la práctica de yoga es la que veo en mi trabajo vocal. www.emalova.com

Lo escrito me recuerda a este temazo de Jessy J., sin duda una de las mejoras vocalistas actuales. Pero ojalá algún día podáis escuchar la versión en directo de la señorita Pepper Solana porque su sinceridad al cantarla es la que hace entender este tema.

2 Comments

  1. ¿Por dónde empiezo? Pues suscribiendo todo todo lo que explicas. El Yoga ( y por supuesto, meditación) es una de las cosas más magníficas que se ha cruzado en mi vida y que ha mejorado sin limites ni comparaciones mi relación con mi cuerpo, y mi voz. Ayuda al “control” y “no-control” muscular, al “control” y “no-control” mental, a la expansión de los límites corporales e infinitas cosas más. Y cómo te entiendo cuando cuentas lo de encontrar esa sensación de liberación. Recuerdo una clase en especial contigo en el que sentí eso justo (y creo recordar que me hiciste hacer trabajo postural con la pared justo antes) no la volví a sentir nunca más, pero se te queda grabada. El camino del autoconocimiento vocal (¡me encanta lo de “hierbas”!) vaya si cuesta, pero ¡qué bien saber que no estás sola en él! Prestome leete muchísimo 🙂

    1. ¡Sí que presta no sentirse sola en esto!
      Y jo, me acabo de emocionar mucho leyendo que tienes ese recuerdo de mí. Es de las cosas que más me importan como profesora. Muchas gracias por decírmelo, Elena. Un besazo.

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